Cuando lo de adentro nos dice por dónde es, las voces opinantes que zumban a nuestro alrededor ya no nos marean, los esfuerzos que haya que hacer ya no nos asustan, la comodidad ya no nos tienta, el éxito no nos preocupa: SIMPLEMENTE CAMINAMOS
Quizá no sepas cuán importante es reconocer y despertar “la voz del deseo”, esa voz interior que te hace saber lo que quieres en tu vida, tu propósito, creer que es posible, que lo mereces, y que tienes el potencial y el talento para concretarlo.
Cuando escuchas esa voz, tus oídos se vuelvan sordos a ciertas personas que harán todo el ruido posible para detenerte, o desalentarte sobre tus capacidades.
Siempre hay personas así, no sé si porque sienten envidia cuando ven a otros animarse a caminar encima del abismo mientras ellos no lo logran, o quizá porque le temen tanto a los cambios y a lo desconocido, que desde la inconsciencia están convencidos del peligro que según ellos correremos si salimos de la caja.
Peor aun cuando la voz del deseo se enfrenta a tu voz interior: cuando esto pasa es como si en ti habitaran dos personas: una que quiere avanzar para concretar lo que desea y otra que está paralizada encontrando mil excusas para no hacer, encendiendo la luz roja de alerta con voces como “-¿Estás loco/a? ¿Cómo crees que eres capaz de….? ¿De dónde vas a sacar el dinero?…”
Imagínate que te invitan a un gran evento en el que puedes elegir banquetes que incluyen todos los manjares que te encanta saborear ¿Cómo quedas después del festín? Seguramente, como la mayoría, te sentirás tan satisfecho que lo que menos quieras sea dar un paso, evitarás cualquier tarea, no desearás moverte.
Un concepto central de coaching es que nos movemos y buscamos cuando estamos insatisfechos, cuando sentimos que lo que venimos haciendo no nos está ayudando a conseguir el resultado deseado, cuando haciendo cosas diferentes no llegamos a lo que buscamos, cuando queremos salir de una situación en la que estamos sufriendo.
En definitiva, cuando tomamos conciencia y asumimos responsabilidad.
Recuerdo una anécdota que Fred Kofman, mi mentor, contaba en sus conferencias: Supongamos que un chico tímido está en un baile y sueña con sacar a bailar a una chica. La ha estado observando en otros bailes, le gusta y se imagina a cada rato cuál sería el resultado de acercarse a ella e invitarla bailar. Lo asaltan muchas dudas. ¿Ella lo aceptaría o sería rechazado? Y si ella lo rechazara, ¿sería algo discreto o se sentiría humillado delante de sus amigos presentes en el baile? ¿Y si lo acepta? ¿Le gustará a ella su forma de bailar? ¿Se sentirá a gusto ella con él? ¿Cómo seguiría después la velada?
Por fin llega la noche esperada y nuestro tímido héroe toma coraje y decide sacarla a bailar. La chica, por supuesto tiene derecho a decirle que sí o que no. En caso que le diga que no quiere bailar con él, ¿diríamos que el chico fracasó o tuvo éxito?
Si piensas que el chico tímido fracasó porque se quedó sin bailar, estás equivocado. Este muchacho tuvo éxito porque se animó a hacer algo diferente, enfocándose en aquello que dependía absolutamente de él y estaba bajo su control: animarse, ir y sacarla a bailar. ¿Estaba bajo su control que la chica le diga que sí? Pues no, ¿verdad?
Cuando mides tu éxito a través del aplauso o la cachetada de otros, o de lo que digan u opinen, en lugar de medirlo a partir de cada pequeño y minúsculo paso que des que te acerca a tu meta, o a aquello que sueñas ser o tener estarás a merced de otros o de las circunstancias y perderás poder.
Hablamos de conciencia, de responsabilidad y agrego un último concepto fundamental en coaching que es el de la “acción”.
No termines de leer este artículo diciendo “voy a tratar de….” O “voy a intentarlo”. Si te hablas así te aseguro que no lo vas a hacer. Es normal sentir miedo frente a la incertidumbre. A menudo se repite el patrón de respuesta que culmina en un mero intento en lugar de culminar en donde debería: en el logro del objetivo deseado y propuesto.
Tal como le enseñaba el maestro Yoda al joven Luke Skywalker en La Guerra de las Galaxias, para utilizar “el poder de La Fuerza” no alcanzaba con intentarlo, sino que había que simplemente “hacerlo”. Este lema cobró tal fuerza que terminó siendo el slogan de una marca muy conocida de calzado deportivo: “Simplemente hazlo” (Just Do It), y ésta es la clave, amigo lector, que te permitirá sentir que llegaste a tu meta: simplemente hazlo, simplemente camina.

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