Ponerles » piernas a tus sueños» requiere claridad en tus objetivos personales y profesionales.
Cuando escribas tus metas, importa tanto el resultado como el proceso. Una vez me dijeron que cada tanto observe mi billetera y mi agenda, y me darán las señales para saber si estoy priorizando aquello que necesito para llegar a donde me propuse. Y funciona. Por lo menos a mí, cuando me descarrilo, esta pausa me ayuda a reenfocarme.
Poner por escrito tus objetivos da muy buenos resultados, te ayuda a aclarar tus pensamientos. Revisarlos periódicamente te permite validar si estás caminando en la dirección correcta.
Para cumplir con tus objetivos, no basta solo desearlos, sino que requieres método y disciplina: planificar tus días es fundamental, evitando confundir las tareas con el objetivo.
Una tarea puede ser “ordenar los papeles que tengo en mi escritorio” mientras que el objetivo es “trabajar en una oficina limpia y despejada”.
El tiempo es uno de los recursos más valiosos con los que cuentas, y no es renovable. Por ello, tu planificación debe ser a prueba de tareas urgentes y no importantes, que como tentaciones seguramente reclamarán tu atención. Si no estableces prioridades, las cosas pequeñas e irrelevantes ocuparán tu tiempo.
La cuestión es terminar lo que comienzas con eficacia.
Ser eficiente consiste en hacer bien lo que se hace, al menor costo posible, pero no nos garantiza resultados. Ser eficaz, en cambio, implica hacer lo que se debe hacer, tomando en cuenta los resultados que deseamos alcanzar.
10 pautas para ser más eficaz, optimizar tus esfuerzos y la calidad de tus resultados:
- Las citas “contigo mismo” son importantes. Asígnales prioridad.
El tiempo que reserves para ti es tan importante como cualquier compromiso que establezcas con otras personas. Si separaste un espacio en tu agenda para trabajar un tema relevante para el logro de tus metas, respétalo.
- Date un margen de tiempo mayor del que crees que te llevará realizar una actividad.
Cuando planificamos solemos ser optimistas a la hora de calcular los tiempos. Anticípate considerando un margen adicional, así evitarás interrumpir una actividad porque no te alcanzó el tiempo: Si estimas que una actividad te llevará una hora, sepárate hora y media. Recuerda la segunda Ley de Murphy: “todo lleva más tiempo de lo que pensaba al principio”.
- Sé específico a la hora de asignar en tu agenda los tiempos para realizar cada tarea.
Especifica con exactitud a qué hora comenzarás una actividad y a qué hora finalizarás. De este modo, evitarás distracciones que desvíen tu foco en el objetivo. Y liberarás tu mente de tener que recordar cada tarea pendiente, centrando tu atención en el presente. El reto está en asignar el tiempo suficiente pero no excesivo a cada actividad.
- En la programación diaria, intercala actividades que impliquen mayor tensión y actividad intelectual con actividades menos exigentes. Dentro del día respeta tu biorritmo
Combinar ambos tipos de actividades a lo largo del día nos permite alternar diferentes grados de tensión y de relativo aburrimiento. Nuestro organismo y nuestra mente no tienen un rendimiento uniforme: en determinados momentos del día tu energía estará más alta: aprovéchala para realizar aquellas tareas importantes que más te cuesta realizar. Acompasa las actividades en la medida de lo posible con tus ciclos corporales.
- Si tienes varias tareas que completar en una misma semana, el orden de los factores “si” altera el resultado.
Realiza las tareas más importantes los primeros días de la semana, esto te augurará mayor posibilidad de éxito. Si las dejas para el final tendrás menor margen para soluciones.
- Enlaza las tareas que tenga que realizar en un día.
Una pausa de 15 minutos entre dos reuniones raramente es productiva. Si enlazas tareas serás más efectivo, aprovecharás mejor el tiempo y serás puntual para terminar las reuniones a la hora prevista.
- Se lo suficientemente flexible para poder abordar asuntos imprevistos de tu interés.
Aplica la regla setenta-treinta. Planifica no más del 70% de tu tiempo diario, dejando el 30% restante libre para imprevistos. Dejar un tiempo para lo inesperado o lo no identificado mantiene tu flexibilidad y evita que te cargues en exceso. No programes tu semana para una cantidad trabajo que en realidad necesitaría una semana y media para hacerse.
- Al planificar, no te olvides de tu vida personal
Al planificar tu día es importante que consideres, además de tus tareas profesionales, momentos específicos para temas personales: familia, actividades de ocio, desarrollo personal.
- Enfoca tu atención en el presente y tu intención en el futuro
Nunca pierdas de vista tu propósito en la vida. Este es tu mayor motivador. Recuerda que toda acción por más pequeña que parezca es parte del proceso de convertir tu propósito en realidad. Relaciona siempre las tareas que realices día a día con tus metas.
- Enfócate en lo positivo de cada situación por más difícil que parezca.
Seguramente en ocasiones tendrás que realizar tareas que no te gustan. Depende sólo de ti aprender a enfocarte en lo positivo de cada situación y transformar ese momento en algo especial. Si te toca realizar una tarea en el trabajo que no te agrada, pregúntate: ¿Cómo puedo transformar esta tarea en algo que me ayude a crecer como persona?
Frente a los desafíos que se presenten en tu vida solo tienes dos opciones: ser una víctima o ser un protagonista. Ambas están relacionadas con tu actitud.
Ciertamente muchas de las situaciones no estén bajo tu control, o simplemente sucedan sin que las hayas generado. Aun así siempre tienes el poder de elegir como quieres responder al desafío: afectarte negativamente, colocándote en un papel de “víctima de la fatalidad” o tomar las riendas de tu vida y responder con responsabilidad, transformando la situación en una experiencia de aprendizaje y crecimiento.

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